Profesor de guión: lección nº 1...
Ser guionista es un oficio muy, muy, muy duro.
Para ser guionista hace falta una gran capacidad de sacrificio, tesón, generosidad, flexibilidad intelectual y emocional; así como un amor por el trabajo, por el ejercicio de la escritura dramática, completamente a prueba de bombas.
Ese es el precio que hay que pagar.
Ayuda, no obstante, saber escribir... algo, ni que sea. Y tener sentido del humor.
Las bombas, a veces, no caen sólo del cielo. Las bombas, amigos míos, caen de todas partes.
Ser guionista -volvamos a decirlo- es un oficio muy, muy, muy duro. Y no suele compensar; la aceptación, el reconocimiento y los elogios no escasean, simplemente no existen.
Ese es el precio. Y hay que estar dispuesto a asumirlo.
El orgullo que se desprende del amor por el trabajo es lo único que nos queda, es el último reducto, lo que nos empuja a hacia adelante, el búnker emocional desde el que soportar el impacto de las bombas. Yo tengo un truco: a cada explosión, suelto un chiste.
Ser guionista -una vez más- es un oficio muy, muy, muy duro. Ese es el precio...
El amor por el trabajo es lo que queda; pesar de las bombas, siempre queda... No puedes permitir que te lo quiten. Nunca permitas que te agrien el sentido del humor, no les des ese placer. A cada bomba un chiste, conviértete en el Joker y haz desaparecer un lápiz en su jeto, nunca pongas la otra mejilla.
Para ser guionista sólo hace falta una cosa: querer ser guionista.
Pero nunca, jamás, a cualquier precio.




padron-duenas dijo
Siempre imaginé que el guionista tiene dar todo de si, todo lo que existe e inventar de donde no existe. Crear sensaciones, para después al verlas interpretadas, lleguen a convertirse en vida.
Te felicito.
12 Septiembre 2008 | 12:35 PM