Obligado era.

Después de tanto tiempo sin publicar en el blog más abandonado del planeta, obligado era re-emprender explicando las contradictorias sensaciones que nos ha dejado Watchmen.

O Watchmen el copy, paste.

Porque lejos de ser una adaptación cinematográfica del comic, la palabra que mejor define lo que realmente es Watchmen es traslación. O copy, paste. Un copy, paste que deja la irremediable sensación contradictoria de "es lo que me esperaba, lástima".

Es la más fiel de las adaptaciones de un comic que yo recuerde, mucho más que Sin City, para lo bueno y para lo malo. Lo bueno es que todo lo que esperas del comic que esté en la pantalla del cine, está. Lo malo es que esto hace que el ritmo se resienta sobremanera. La decisión, por tanto, es errónea.

Una de mis teorias estúpidas sobre cómo realizar una adaptación al cine dice que todo aquello que no ayude a resaltar la trama principal de la película es prescindible o al menos debe ser puesto en duda. El mejor ejemplo al respecto de esto es la supresión de Tom Bombadil en la adaptación de La Comunidad del Anillo. Si a cualquiera de los frikis amantes del libro nos hubieran preguntado qué capítulo era imprescindible adaptar, estoy convencido que la mayoría habríamos dicho que el pasaje de Tom Bombadil tenía que estar sí o sí. No creo que el amor de Peter Jackson por los libros de Tolkien esté puesto en duda. Aunque de todo hay en la villa del Señor Friki. Jackson tomó una decisión valiente y arriesgada: todo lo que no tuviera que ver con la historia de Frodo y el anillo no iba a salir en la primera entrega. Y acertó.

Watchmen no tomó una decisión al respecto ni en guión, ni en montaje. Eso la convierte en una película para los amantes del comic solamente. Y también en una mala película.

Un copy, paste de difícil digestión. Que hace que la emoción de los aciertos, la emoción de encontrar cosas que esperas con ánsias, se vea difuminado por la incesante necesidad de tijera.